LOS LIBROS DEL APOCALIPSIS

José Luis Gracia Mosteo

Revista Barataria, Zaragoza, mayo 2008 

    Cada vez que las ruedas dentadas de la historia cambian el siglo (lo que no siempre coincide con el cronológico: el XXI comenzó con el atentado de las Torres Gemelas) o la época (el Romanticismo arrancó treinta años más tarde en España que en el resto de Europa); cada vez que un déspota se encarama sobre  nuestros sueños y libertades (Fernando VII, Primo de Rivera, Franco), una corte de historiadores revisionistas emerge decidida a cambiar el pasado y adecuarlo a los gustos del poderoso. Es el recurso de los oportunistas y los estómagos agradecidos, el viejo embeleco del que nos avisó George Orwell en su novela 1984, vigente  tanto tiempo después.

    Por eso el hallazgo de libros que cuentan lo que pasó yendo a las fuentes y los hechos, la lectura de lo que dijeron los protagonistas de la historia (no la que dijeron sólo algunos, como en los casos de Ricardo de la Cierva, Pío Moa o César Vidal), no puede ser recibido más que como un regalo por los que gustan de leer el pasado para comprenderlo. Ése es el caso de este volumen de Los Libros de la Guerra.

    José Luis Melero, escritor, investigador y bibliófilo, es un enamorado de la letra impresa que cuenta con una de las bibliotecas privadas más importantes de Aragón; un estudioso de humor fino e inteligencia incisiva que, sin molestar, casi dulcemente, logra penetrar en los secretos de la historia. Habitual de la sección de Artes y Letras del periódico Heraldo de Aragón (su columna junto a la de Antón Castro son primera lectura de quien esto suscribe los jueves en que se encuentra en su tierra), cofundador y habitual de la revista Rolde, José Luis Melero (Zaragoza, 1956) es un ilustrado lúcido, pacífico y, sin duda, maniático, al que no cuesta mucho imaginarse con pelucón blanco tomando una taza de chocolate a la luz de las velas con Goya, Jovellanos o Blanco White; un lector compulsivo ameno y enciclopédico que huye de la pedantería y goza de un estilo límpido y deleitable; alguien que, tras estudiar Derecho y Filosofía y Letras, ha dedicado todo su empeño en estudiar y conservar la cultura aragonesa; un émulo de aquel Borges que encontraba el Paraíso en una biblioteca.

    Después de su delicioso libro Leer para Contarlo, José Luis Melero nos entrega una lectura comentada de 128 libros sobre la Guerra Civil en Aragón aparecidos entre 1936 y 1949; un libro de amor (por la verdad) y pasmo (ante la realidad); una gavilla de libros, libelos y folletos nacionales (98) y republicanos (30), publicados por protagonistas, simpatizantes, combatientes y hagiógrafos de uno y otro bando; un compendio de testimonios de curas, soldados, intelectuales y gente del pueblo arrastrados al matadero por la locura de un supuesto visionario que “queriendo salvar España” la condujo al mismísimo infierno, algo por otra parte nada extraño en los iluminados si son generales, cosas del amor divino cuando va armado; un trabajo donde, junto a Calvo Sotelo, Rey D´Hartcourt, Ramón Acín Aquilué o Carlos Lizondo, es posible encontrar algunos de los personajes y pasajes más desgarrados que se han escrito sobre la Guerra Civil.

    Los Libros de la Guerra arranca con el comentario de tres libros antológicos: Por qué fui Secretario de Durruti, memorias de mosén Jesús Arnal; 556 Brigada Mixta, de Avelí Artís, y Yo fui Asesinado por los Rojos de Jesús Pascual (historia de un superviviente del fusilamiento de Sánchez Mazas, aquel protofalangista y escritor, padre de Rafael Sánchez Ferlosio y protagonista de la novela Soldados de Salamina de Javier Cercas), para dar paso después a una sucesión de libros y testimonios que provocan auténtica catarsis en quien los lee: desde la mutilación y ejecución posterior de Florentino Asensio, obispo de Barbastro, hasta la tortura y fusilamiento en Caspe de Antonio Guiu ante su madre, pasando por las donaciones del estrafalario Adolfo Capella, los ripios vergonzosos a Franco de su corte de aduladores (lameculos francamente), la petición del nacional Gimeno Riera de que Zaragoza tuviera mar pues: “El mar de España debe ser para todos los españoles”, o el “Adiós a la vida” de la ópera Tosca cantado por el tenor republicano Carlos Lizondo momentos antes de ser fusilado… 

    No es muy profesional contarlo, pero quizás sea éste uno de los pocos libros que han hecho llorar a quien esto escribe. Crueldad, miseria, abyección, grandeza, idealismo, agonía…, son palabras que cobran aquí todo su significado. Palabras acompañadas de hechos que José Luis Melero sabe contar en voz baja, sin hacer juicios de valor, con finura incluso, lo cual hace la narración más sobrecogedora.          

    He aquí el libro de un perseguidor de libros inencontrables que gusta de compartir sus hallazgos; las palabras hechas realidad de aquel viaje al Corazón de las Tinieblas de Teodor Josef Konrad Korzeniowski, es decir, Joseph Conrad, en busca de Kurtz (también García o Franco), paradigma del caudillismo y el poder sanguinario, pero no en el río Congo sino en el Ebro; he aquí a Marlow ante el horror; el Apocalipsis según 128 libros.