MI INFANCIA A LA MANERA DE PEREC

 

José Luis Melero

 

Recuerdo la canción del Cola-Cao: “Yo soy aquel negrito del África tropical…”.

Recuerdo a doña Pepa y doña Rocío, mis vecinas de Arzobispo Doménech.

Recuerdo que me daban rebanadas de pan con mantequilla y azúcar.

Recuerdo al Hermano Lorenzo, que fue mi profesor de Párvulos en La Salle.

Recuerdo que el Hermano Lorenzo era ya un hombre mayor y que su cara era la viva estampa de la bondad. 

Recuerdo que la clase estaba al fondo del pasillo, en la planta baja.

Recuerdo que todos los Hermanos llevaban sotana y babero.

Recuerdo el cine del colegio y las pipas que nos vendía Oteiza, que iba a mi clase y era navarro y fámulo. 

Recuerdo a un empleado del colegio que tenía una pata de palo.

Recuerdo que era un bendito y que siempre sonreía. 

Recuerdo lo sucias que estaban las letrinas del patio del recreo junto al cine.

Recuerdo que el Director, cuando nos entregaba el Boletín con las notas, venía siempre con una caja de regaliz Zara y nos daba una barrita.

Recuerdo la capilla y al “Capas”, el capellán, el único que celebraba misa allí.

Recuerdo que nunca cantamos el Cara al Sol.

Recuerdo que en las clases de Formación del Espíritu Nacional hacíamos equipos y jugábamos a preguntarnos el significado de algunas palabras unos a otros.

Recuerdo que en Aguarón a los cabezudos les llamaban cucharetas.

Recuerdo que bajaba con mi abuelo P. a cogerlos a una acequia o riachuelo y que los metíamos en una gran lata con pan de rana.

Recuerdo que mi abuelo P. fumaba Celtas Largos, siempre con boquilla.

Recuerdo que en Aguarón fui alguna vez a comprárselos a una tienda, que era también estanco, en la plaza, detrás de la iglesia.

Recuerdo que mi abuelo P. nos construía juguetes y espadas de madera. 

Recuerdo que cuando iba a misa se ponía un escapulario.

Recuerdo que al berbiquí lo llamaba billamarquín, al jilguero, cardelina, y a la urraca, picaraza.

Recuerdo que mi abuelo N. fumaba caldo, que sacaba de su petaca, y se liaba con papel de fumar sus cigarrillos, que siempre abandonaba a la mitad.

Recuerdo que a mi abuelo N. le gustaban mucho los toros y que alguna vez fui con él a la Plaza de la Misericordia. 

Recuerdo, que siendo el menos piadoso de todos mis abuelos, sin embargo cuando íbamos a los toros entraba un momento a rezar en una iglesia al lado del Pignatelli.

Recuerdo que las veces que fuimos juntos al fútbol me preguntaba siempre el nombre de cada jugador.

Recuerdo que mi abuelo N. hacía una faja de papel, ponía en ella la dirección de su hijo, que vivía en Madrid, envolvía con esa faja el Heraldo de Aragón y se lo mandaba por correo.

Recuerdo que heredé su maquinilla de afeitar.

Recuerdo que yo era el nieto preferido de mi abuela I. y lo bien que cocinaba.

Recuerdo sus patatas huecas.

Recuerdo cuánto la quería y que me enseñó algunas coplas de jota antiguas y muy hermosas: “Ya no tienes chaminera / ni ponde te salga el humo / ya te vas quedando sola / mocica de tanto rumbo”.

Recuerdo que mi abuela J. se asomaba nerviosa a la ventana si sus hijas tardaban en volver a casa.

Recuerdo su letra y la de todos mis abuelos cuando nos escribían cartas en verano.

Recuerdo que nos hacía caracoles, que tanto nos gustaban a mi abuelo N. y a mí.

Recuerdo las Nochebuenas y las Nocheviejas en casa de mis abuelos, con mis tíos y mis primos. Y las comidas de Navidad y Año Nuevo.

Recuerdo que mi tío N. venía de Madrid y leía La Codorniz.

Recuerdo a unos colchoneros, en la terraza de casa de mis abuelos, en Fernando el Católico, escorpinando y batiendo la lana con una vara.

Recuerdo los domingos en La Romareda con mi padre.

Recuerdo las viseras de papel que vendía un señor los días de partido, nada más pasar la entrada principal de la Feria de Muestras, para protegerse del sol.

Recuerdo que mi padre y muchos de nuestros vecinos de localidad se llevaban al campo una almohadilla hinchable.

Recuerdo los exabruptos del aficionado que teníamos sentado a nuestra izquierda, la gracia que me hacían y lo simpático que me parecía.

Recuerdo que en la calle Marcial estaba la redacción de Zaragoza Deportiva y que me pasaba por ahí a ver las fotos que ponían del partido del Zaragoza.

Recuerdo que los martes cogía corriendo el Heraldo en casa, porque ese día venía la crónica del partido del domingo.

Recuerdo que leía Hazañas Bélicas y las aventuras del Capitán Trueno en Trueno Color.

Recuerdo que íbamos a ver las películas de Tarzán al cine Dorado o al Actualidades, y luego entrábamos en Espumosos y pedíamos berberechos.

Recuerdo que desde un balcón de la casa de mi tía D., en la calle Manifestación, veíamos las procesiones de Semana Santa.

Recuerdo que unas amigas de mis tías, las hermanas Bueno, tenían un periquito que hablaba.

Recuerdo el primer coche que tuvo mi padre: un SIMCA 1000, matrícula Z-75040.

Recuerdo que las maletas las llevábamos en la baca.

Recuerdo que algunos domingos íbamos a comer costillas a un restaurante de María de Huerva que había en la carretera nada más entrar al pueblo, a la izquierda.

Recuerdo que descubrí quiénes eran los Reyes Magos porque reconocí en las notas que nos dejaban junto a los regalos la letra de mi padre.

Recuerdo que mis abuelos N. y J. tuvieron televisión antes que nosotros y que la íbamos a ver a su casa.

 Recuerdo que los mayores llamaban “el parte” a las noticias de la radio.

Recuerdo que en el recreo jugábamos al “Churro va”.

Recuerdo que mi infancia no fue un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero.

Recuerdo que mi infancia fue zaragozana, humilde, sencilla y llena de afecto.