LA BILIOTECA DE HITLER, el mayor y peor asesino en masa de la historia, no sólo tenía libros de Goethe, Schopenhauer y Nietsche, sino también de Dante, Ibsen y Tagore. Y, entre los clásicos, Los viajes de Gulliver, Robinson Crusoe o La cabaña del tío Tom. No faltaban el Quijote (que regaló a su hermana Paula en 1908) y el Oráculo manual y Arte de prudencia de Baltasar Gracián. Toda una sorpresa. Quién nos iba a decir que las serpientes leen buenos libros. 1244 de ellos se conservan en la Biblioteca del Congreso de EEUU y en la John Hay Library de la Universidad de Brown. Eso nos cuenta el escritor, bibliófilo y periodista José Luis Melero en su imprescindible EL TENEDOR DE LIBROS, aparecido hace poco en Editorial Xordica. Esto cuenta, sí, pero también la falta de sensibilidad de Ortega y Gasset con su discípulo y amigo Julián Marías,; el egocentrismo de Unamuno; la muerte del poeta Ignacio Ciordia (maravilloso); el devenir de la biblioteca del Presidente de Gobierno español Canovas del Castillo, que llegaba a interrumpir los Consejos de Ministros cuando un buhonero se acercaba a venderle un libro que perseguia; la nostalgia de Vargas Llosa por sus primeros libros; los problemas oculares de James Joyce; el diario de la Premio Nobel Marie Curie; algunos esbozos de "padres asesinos", como los de Passolini o Emma Penella, cuyos progenitores defendieron con sangre (la de un muchacho de quince años, el primero, y la Federico García Lorca, el segundo) a Mussolini y Franco; los desbarres bibliotecarios de Azorín; el Vallejismo o devoción por César Vallejo en España; el olvido de Bécquer en las calles de algunas ciudades; o, por no seguir, los recuerdos de Pepín Bello, aquel miembro de la Generación del 27 que no escribió un sólo libro... Escrito con prosa limpia, chispeante de humor y rigurosamente documentada, EL TENEDOR DE LIBROS es una obra necesaria en las bibliotecas de todos que amen los libros y quieran conocer lo que hay detrás. Una obra altamente recomendable.